El debate empresarial ha tendido a concentrarse en variables como regulación, impuestos e inversión, pero ha dejado en segundo plano una cuestión decisiva: la calidad humana y social del país en que la empresa existe. No es un asunto marginal, es importante.La empresa depende, radicalmente, de la categoría humana de las personas que la integran y del entorno social que la sostiene. Cuando ese cimiento se erosiona, la empresa también lo hace. Y, actualmente, Chile enfrenta el patente deterioro de su tejido social. Esa degradación es visible en tres ámbitos cruciales: educación, familia y natalidad.
Álvaro Pezoa B.
07 de mayo del 2026