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BORIS PINTO

Executive MBA 2020

Full Funnel

Socio

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EMBA 2020 y socio director de Full Funnel. En esta columna, Boris reflexiona sobre el valor de pertenecer a espacios que desafían, inspiran y amplían la mirada, a partir de la conversación con la ministra Ximena Lincolao en el Círculo de Emprendedores del ESE. A través de su experiencia, destaca la importancia de aterrizar las ideas, transformar la inspiración en acción concreta, y entender ese impulso no solo como un desafío personal, sino también como una invitación a movilizar a otros.

Impulso y desafío: no sólo para mí

"Esto ha sido de lo mejor que he visto en 30 años viniendo a eventos al ESE", fue uno de los comentarios que recibí —de un prestigioso miembro de directorio local— después del encuentro con la ministra Ximena Lincolao en el marco del Círculo de Emprendimiento del ESE. "Este gallo exageró", me quedé pensando. Y sí, pero reflejaba un clima que recorrió la audiencia: fue un lujo conversar relajados, con profundidad, aprender de la alta experiencia sobre emprendimiento y superación personal de la ministra, todo contado por ella misma.

Ya al otro día, como todos cuando se nos vienen las mejores reflexiones, decanté: ese clima de satisfacción se dio por la posibilidad de escuchar experiencias que aterrizan las ideas y obligan a revisar ciertas certezas. Fue impulso y desafío y, en esa intersección está el ESE Business School.

Tal vez por eso me hizo tanto sentido una frase simple, pero brutalmente concreta, que ella compartió esa tarde: "La mayor validación de un proyecto ocurre cuando el cliente paga". Parece evidente, pero no siempre actuamos como si lo fuera. Hay una parte del ecosistema emprendedor que confunde entusiasmo con negocio, visibilidad con tracción o narrativa con demanda real. Escuchar a alguien que llegó a Estados Unidos con USD $500, hizo un PhD y cofundó startups como Phone2Action, pero que aún así vuelve una y otra vez a la importancia de vender, ejecutar y ajustar rápido, tiene algo refrescante. Devuelve la conversación a tierra.

Se nos puede dar por sentado este nivel de experiencias, estar en el círculo ESE, compartir con académicos y personas de tan alto nivel. ¿El problema? Que se vuelve sólo un grato espacio personal; sin embargo, la oportunidad es más grande: abrirnos en abanico y comernos el mundo.

Para quienes somos primera generación universitaria en nuestras familias, además, todo esto tiene una dimensión todavía más profunda. Uno entiende que acceder a espacios como estos no era algo obvio ni garantizado. Y justamente por eso aparece cierta responsabilidad de no vivirlo sólo como crecimiento individual o networking de alto nivel, sino también como una oportunidad de empujar, abrir espacios y entusiasmar a otros.

Todo eso ocurrirá cuando nos hagamos sinceramente conscientes del lujo que vivimos —y entendamos que es impulso, pero también un justo y necesario desafío.

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